
Compositor. La escena primero. Siempre.
Compositor y productor. Madrid


Música que entiende la escena antes de sonarla.
Nací en Rumanía en 2001. Con cuatro años me vine a España, y mi pasión por la música surgió con nueve, cuando escuché por primera vez la Novena Sinfonía de Beethoven en una clase del colegio. No sabía nada de música. No entendía lo que estaba oyendo. Pero algo en aquella obra me atrapó de una forma que no podía explicar, demasiadas cosas pasando a la vez, demasiadas emociones para un niño que no tenía vocabulario para nombrarlas. Esa confusión fue el inicio de todo.
Lo primero que pedí fue una guitarra, porque quería ser rockstar. Duró poco. Pero un día mi padre, que tocaba el acordeón y el teclado en bodas y conciertos en Rumanía, trajo a casa un teclado barato de cien euros que había visto en oferta. Cuando él no tocaba, yo me ponía a trastear, miraba tutoriales en YouTube. No lo hacía porque me lo mandaran, lo hacía porque no podía parar. Así que me apuntaron a piano en una escuela. Mis profesores vieron que avanzaba rápido y me dijeron que debería ir al conservatorio. Lo intenté. No conseguí plaza en el primero al que me presenté. Lo volví a intentar. Entré en el Conservatorio Arturo Soria de Madrid. Primera lección fuera del aula: cuando algo importa de verdad, el no es solo un intento más.
Allí pasé años aprendiendo lo que significa entender la música de verdad, armonía, orquestación, piano clásico. En el quinto curso elegí el perfil de jazz y abrí una puerta que no esperaba. Estaba encerrado en lo clásico. Del jazz llegué al blues, al latín jazz, al rhythm and blues, y de ahí a mis raíces: la música tradicional rumana y de Europa del Este. Aprendí que tener una base sólida no te encierra, te da libertad para moverte por cualquier territorio sin perderte.
Durante el conservatorio tuve la suerte de encontrar un profesor particular con años de experiencia real en la industria. Alguien que hacía lo difícil parecer fácil, y que me habló del mundo de la música como realmente funciona, no desde los libros, sino desde dentro. Fue él quien me abrió la puerta al mundo de las bandas sonoras. Ahí empezó todo lo que hago hoy.
La composición para imagen me llevó a la producción musical, que estudié en Microfusa Madrid. Y alrededor de 2020 empecé a dar clases de piano — primero para financiar mi formación, luego porque descubrí que enseñar es otra forma de aprender, quizás la más profunda.
Hoy tengo 25 años y llevo dieciséis con la música. He pasado por el conservatorio, la producción, la docencia y la composición para imagen. No son cuatro carreras distintas, son cuatro formas de hacer la misma cosa: entender cómo funciona la música y ponerla al servicio de algo que importe.
Esto es el inicio.
Un compositor. Cada decisión, directa.
Sin comité, sin stock. Si el proyecto necesita una identidad sonora específica, el siguiente paso es revisar qué ofrece Leonard y cómo trabaja.
